Tuesday, May 10, 2005

Elogio a la Pendejez.

Su alteza serenísima, a pesar de estar jurado ante el altar de nuestra señora de la salud, volvió a beber y, para sorpresa de todos, lo hizo en el lugar en donde el ministro y el maniqui habian desaparecido de su imagianrio particular y hoy colectivo (debo dejar de ventanerme de esa manera).

Su alteza serenísima estaba realmente alegre antes de llegar al lugar en cita, pues había celebrado la coronación de la nueva señoríta Querétaro en el Teatro de la República de la bella capital de la entidad, habiendo tomado bebidas espirituosas hasta bien entrada la tarde, mientras dos amables lacayos tocaban el piano para la alegre concurrencia.

Al llegar al barsucho que les comento, todo se nubló. Al principio comencé a platicar alegremente con la Duqesa del Valle de Texcoco, con el Conde de Santa Ana Chautempan, con el príncipe de Nogales Sonora (o Tijuana) y con el Marqués de la Sierra Gorda de Querétaro, todo verbena y celebración.

Bien me habia dicho mi horóscopo chino inserto en el librod e las Horas de Catalina de Médici que guardo en mis aposentos que es de mala suerte romper el contenedor de la felicidad, y en un brosco movimiento rompí la tella de bacardí. Chale me dije, ya vas a tener que pagar otra, si serás pendejo... Pero bueno, todo siguió bien, casi bien, hasta que comenzó el fin del principio, pues hasta el feliz pedo que traía se me bajo, en el momento en que una residente del estado comenzó a hablar de amnera extraña....

Continuará

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