Y mi fe?
En ésta religión, piensa Feuerbach, se excluyen el amor y la razón. Se ama, sobre todo, a Dios; el amor al hombre es derivado. Pero, una vez que se descubre la esencia verdadera, antropológica de la religión, y se pone de manifiesto que Dios no es sino el hombre mismo, y que el hombre es el ser supremo, Dios, para él, el amor humano es la ley suprema, como amor que no conoce límites, no limitado por la fe: el amor del hombre por el hombre.
Vemos, pues, que Feuerbach, al contraponer razón y corazón, ha afirmado la teoría frente a la religión mostrando teóricamente que la religión no es sino una conciencia falsa e ilusoria del hombre, y que su verdadera esencia no es teológica, sino antropológica. Ha demostrado también que la religión sólo satisface las necesidades del corazón sacrificando la razón, la teoría ("Dios, noche de la teoría"), con lo que se mantiene la distinción entre el hombre y Dios, ocultpandose así que la cocniencia humana de Dios no es sino la conciencia que el hombre tiene de sí mismo.
Tomado de Adolfo Sánchez Vázquez, Filosofía de la Praxis.

