Monday, September 12, 2005

Manifiesto

Mexicanos:

Ya estáis en el caso de saludar a la patria libre de la opresión de los partidos políticos que esclavizaron a la patria y dieron como resultado la más cruenta de las guerras fraticidas que han tenido lugar en nuestra amada patria desde la caída del paternalismo porfiriano. La rueda de las formas políticas polibianas ha dado una vez más la vuelta en nuestra historia y al irresponsabilidad del último gobierno democrático devino en la más desgraciada de las anarquías que imperó durante los últimos diez años. Diez gobernantes sentados en sillas sostenidas por bayonetas y alambres de espino entrelazados se sucedieron año con año mientras los miembros de la sexagésima segunda legislatura eran masacrados en San Lázaro por la masa iracunda de un campesinado despierto de su sueño de cincuenta años de miseria por sus propias víctimas. Las oficinas de los partidos envueltas en las llamas de la demagogia, sucumbieron ante su propia dictadura. Los tribunales callaron, silent leges inter arma dijo con razón el jurista romano, y los jefes de la justicia de la nación siguieron el triste destino de sus electores. Los pendones de la patria manaban sangre, el blasón del águila devorando a la serpiente parecía no tener sentido ya para un pueblo que dejó de serlo.

La nación sucumbió y la los preparativos de invasión desde norte clamó por la unidad desde el altar de la patria y, como en 1847, el pueblo mexicano volvió a sentir el dolor de la sinrazón del conflicto interno, y enterrados los muertos procedieron a la defensa del suelo que les vio nacer. Los senadores sobrevivientes a la matanza del ocho de julio del año dos mil catorce, se reunieron para sesionar por última vez en las ruinas de la Profesa, para deliberar sobre el futuro de la Nación. Las lágrimas de los representantes de la soberanía de lo que alguna vez fueron los Estados ante la desaparecida federación, surcaron sus ojos en el momento en que los jefes de dos de los cuatro ejércitos contendientes depositaron sus espadas ente la improvisada presidencia y juraron fidelidad y respeto ante el resquebrajado cuerpo. La sesión fue corta y por voto unánime, fuimos elegidos dictador por estado de emergencia de entre nuestros compañeros de escaño, y frente al único ejemplar sobreviviente del Acta de Independencia, tomamos protesta de conducir a la patria por el sendero de la paz.

Hoy y al cabo de dos años de esfuerzos del pueblo de México, hemos recorrido el inmenso camino que hay desde la opresión de la oligarquía y los excesos de la más demagógica de las democracias a la libertad y a la paz social. Recorridas han quedado ya todas las provincias de lo que alguna vez fue la República, que han sido pacificadas por la más augusta de las milicias, donde el pueblo grita loas de gloria a los soldados, y no maldiciones y promesa de venganza a los asesinos de sus padres. Se ha reestablecido el orden interno y las relaciones exteriores y hoy nos dirigimos a ustedes, justas dos centurias después del día de la firma del acta de independencia de nuestra nación y no pudiendo ser más justa la actuación, para festejar que el Acta Constitutiva del Tercer Imperio elaborada por la Junta Provisional Instituyente ante quien devolvía la espada de Iturbide con que me fue conferida la dictadura, ha sido aprobada por unanimidad de las provincias y por más del noventa por ciento de los electores de la Nación, por lo que en éste día de nuestra Coronación resultado de la misma concilia del pueblo, convoco al Novena Constituyente con las bases que me he permitido publicar el la Gaceta Imperial, a fin de que la nación sea constituida por los mejores especialistas en cada materia, y demos al pueblo, por fin, una Carta fundamental que más que contener vanas esperanzas e ideales extranjeros, contenga en sus principios y augustas estructuras las más caras necesidades de un pueblo que ha sufrido lo indecible.

Ya sabéis del modo de ser libres, a vosotros toca el señalar, como ser felices. Dado en el Palacio Imperial de la Ciudad de México, al vigésimo séptimo día del mes de Septiembre del año de gracia de dos mil veintiuno y primero de nuestro Imperio.
Yo, Alonso I Emperador de México.