Sunday, December 04, 2005

eL REGRESO

Después de un largo penar por los caminos del destierro, su alteza serenisima ha regresado a escribir unas breves líneas, sorprendido, como esta, de la idiotez del hombre y la mezquinidad de la raza humana.
El hombre, como ha demostrado Durkheim y otros grandes sociólogos disípulos de Compte, no es el propio arquitecto de su destino ni el legislador de su propia conducta, en consencuencia, de su moral. La autonomía de la voluntad únicamente funciona en la estructura del homo socialis cuando elige que valores sociales acepta, y cuales rechaza, con la consencuente asunción de las consencuencias anti culturales que habrá de soportar. Por lo tanto, nos atrevemos a establecer un primer principio: nadie es imbécil por naturaleza, todos los son por decisión propia.

Sin embargo, ¿Qué tan lejos puede llegar esta limitada autonomía de la voluntad o libre albedrío? Establecemos, en torno a las consecuencias anotadas más arriba, que nadie es pendejo por naturaleza, sino que somos un leve reflejo del caos social que nos envuelve. La concia colectiva nos dirige, a pesar de las teorías en contrario, y através de símbolos delínea la naturaleza humana de cada uno de nosotros, tendiendo particular influencia el entorno inmediato. Un segundo principio: la culpa no la tiene el imbécil, sino quien lo engendró...

Realmente me cuesta trabajo entender que en una institución educativa de supuesto prestigio, hasyan decidido reclutar como profesor a un perfecto idiota al que humilló su majestad en diversas ocasiones frente a profesores y a educandos. Tercer principio: la culpa no la tiene el sobrino del político, sino el jefe de departamento.

Qué podremos hacer frente a estas tres diatribas??????? Su majestad ha descubierto que si bien la filosofía sirve para descubrir las últimas causas de las cosas, a veces resulta francamente inútil ante un mundo de idiotas. Lo mejor será esperar y reir...