Tuesday, July 05, 2005

POSTFECHADO

Hoy es un día raro... Ayer sólo tomé una sangría, con la inolvidable hoy güera, y he amanecido como Francisco I de Francia después de la batalla de Pavia: madreado y prisionero. Prisionero del dolor de espalda, justamente en el costado izquierdo, debajo del corazón, que he sentido todo el día y que mucho me temo continuará indefinidamente, tal como los demás. Tendré que ir a visitar la médico otra vez, quizás, para que me diga cuantos años de vida he perdido y en cuantas partes piensa cortar mi ligamento principal para tratar, desesperadamente, de corregir los errores de cinco cruentas cirugías anteriores que impidieron incluso a la resonancia magnética, poder localizar el origen de la lesión que me ha aquejado en estos últimos dos años, cuando lo correjido comenzó otra vez a "descorrejirse" y el dolor y el doloneurobión (ahora Dolca, gracias por tener un amigo médico) regresaron a mi vida después de una corta separación. Pero no es tan malo, como biend ecía una sabia mujer, las pastillas se crearon para volver adictos, así que las recibo con los brazos abiertos y los boxers a media nalga para dejar a la jeringa que haga su trabajo... su exquisito trabajo sólo equiparable a la más bella de las sensasiones vividas por un hombre de veintitrés años: saberse amado por alguien, mientras aún no estas seguro si realmente se quiere a sí mismo, como un bello drama protagonizado por José José y Guadalupe Amor que Dios la tenga en su Gloria.
Creo por tanto, que la sensación de desconocimiento y control que siento debió haberla sentido César Borgia antes de cargar él solo en contra de todo el ejército enemigo defendiendo el trono de su cuñado el rey de Navarra, o el Condestable Colygni huyendo de los católicos en la matzanda de San Bartolomé, o Carlos I del Austria al darse cuenta que en Hungría noe ra bienvenido al momento de escapar de Viena. Una sensación rara cerca a la muerte pero de igual forma a la perfección, de claros campos de trigo brillando al sol fermentado por lo que alguna vez dejó de ser vida.
Se me han terminado los cigarros, y sin embargo, sigo escribiendo la cantidad de pendejadas que mis dedos no dejan de insertar en el tablero, mientras que mis pulmones me dicen que necesitan alquitrán so pena de dejar de respirar... es raro sentirse amenzado por un órgano del cuerpo... pero esta batalla, gustosamente la dejaré perder......creo

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