Monday, July 18, 2005

volvi a verle

Había una vez una pequeña princesa que retozaba en los verdes campos del sueño eterno de la felicidad que solo el regazo paterno pude conferir. Blanca como la leche y de profundos ojos de color de roca marina, no se daba cuanta que el proceso eterno del crecimiento atacaba su cuerpo lentamente, poco a poco, mientras la realidad comenzaba a disipar las esperanzas de una vida ideal. El cambio fue gradual, como todo en esta vida, pero grotesco. La pequeña comenzó a ver el interminable desfile de los acontecimientos que comenzaron a cambiar su vida para siempre y se negó a seguir mirando, no podía más, y parecía que las lágrimas que surcaban sus ojos azules podían tener el trágico efecto de disemirar la verdadera imagen que el panorama le ofrecía.
Había llegado el día, sin embargo, en que debía tomar una decisión, y el príncipe la aceptó. Iba a partir, debia de alejarse de todo lo conocido, de todo lo vivido y sufrido, pero sobre todo, debía escapar de sus propios sueños frustrados. Lentamente comenzó a alejarse, a disiparse en el viento que bajaba de la montaña que coronaba el paisaje del valle paterno, con la promesa de regreso escrita en fuego en la carne del único hombre que llegó a llorar su partida por ella y no por él mismo, y el escosor, aun antes de aceptar la derrota, se vulve simplemente insoportable para este pobre lacayo, quien tantea sobre su pecho la dulce herida causada por un amor que no fue, y repudia la creada en sus manos, en esas manos que tantas veces quisieron besar con sus llemas los labios más profundos del alma de la amada imposible. Imposible, pues simplemente era eso, un lacayo en ekl que la hija de tan digno linaje jamás repararía, por más esfuerzos de superación intelectual que hiciera el muchacho, que bien sabía que por su atractivo físico nada lograría. Ella le dio furzas para estudiar, pero jamás se lo confesó. Ella le hizo levantarse cada mañana pensando en un futuro mejor, pero jamás se atrevió a sostener su mirada. Verla pasar era el más suave deleite que pudiese desear. Sabe que no se repetirá dicho deleite, y se pregunta ahora si vale la pena seguir viviendo, por lo menos en el mismo plano en que lo estaba soportando. Quizás lo mejor sea cambiar la estrategia, que ineludiblmenete, conociendose a sí mismo, sabe conducirá a la derrota.Ve, bella princesa, y vive como solo a las creaturas divinas les esta permitido, etereas, amadas, eternas y pulcras. Pues yo te seguiré amando por el resto de mis días, con la misma intensidad, desde la priemra vez que te vi a través de los cisus que solo dejaban ver tu hermoso párpado izquierdo. Dilecta.

1 Comments:

Blogger hello love said...

y... ella tiene nombre?

2:40 PM  

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